Les tengo un secreto mis hermanas. Acérquense, se los susurraré al oído.
El matrimonio es difícil.
Así es. Cuatro solitarias palabras. No es el descubrimiento científico del año. No se necesita responde “¡Dios mio!”. Creo que todas estamos de acuerdo.
Ahora tengo otro secreto para ustedes…
El matrimonio en el ministerio es MÁS difícil.
Si no me creen, pregúntenle al pastor de jóvenes que ha estado asistiendo solo a los últimos servicios. Sin su esposa a su lado.
Pregúntenle a la pareja que está tratando de recuperarse de la aventura del Pastor-Esposo, la aventura que le costó su título de pastor y su congregación.
Pregúntenle a cualquier mujer sirviendo de tiempo completo en el ministerio. Pregúntenme a mí.
Las estadísticas nos dicen la historia:
- 52% de los pastores dicen que tanto ellos como sus esposas consideran que estar en el ministerio pastoral es peligroso para el bienestar y salud de su familia.
- 57% dejarían el pastorado si tuvieran otro lugar a donde ir o alguna otra vocación que seguir.
- 70% de los pastores no tienen amigos cercanos; 56% de las esposas de pastor no tienen amigas cercanas.
- 80% de los pastores dicen que no tienen tiempo suficiente para sus esposas.
- 80% creen que el ministerio pastoral afecta negativamente a sus familias.
- 94% se siente presionado a tener la familia perfecta.
- 75% de los pastores reportan estrés severo causándoles angustia, preocupación, ira, depresión, miedo y aislamiento.
- 1,500 pastores dejan el ministerio cada mes, debido a agotamiento, conflicto o falla moral .
Ok, ¿qué hacemos con la realidad que enfrentamos? ¿cómo admitimos auténticamente las dificultades del ministerio, permanenciendo positivos y gozosos? ¿cómo hacemos las esposas de pastor para mantenernos a flote con tantas bajas flotando río abajo frente a nosotros?
Permanecemos firmes.
Efesios 6:10-14 lo dice de esta manera: Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia.
Nuestra batalla real es contra un enemigo invisible. No con nuestros esposos. No con ese miembro de la congregación tan molesto o francamente desagradable. Y la batalla no terminará hasta que Jesús nos lleve a casa. Así que debemos permanecer firmes.
Permanezcamos firme en la Palabra de Dios. Permanezcamos firme en Sus promesas. Permanezcamos en constante comunicación con El. Permanezcamos en sumisión, primero hacia Él y después hacia nuestros esposos.
Debemos permanecer firmes en la adversidad y la lucha y la tensión. Permanezcamos firmes cuando nuestros compañeros soldados caen en el campo de batalla junto a nosotras. Permanezcamos firmes como que la vida nos va en ello.
(Surviving the land mines of minstry marriages by Carla Adair Hendricks.)














