febrero 03, 2011

La esposa del Pastor: ¿ayuda idónea o ayuda impuesta?


Hace años conocí a una esposa de pastor que "apoyaba incondicionalmente a su esposo", tanto que si su esposo citaba equivocadamente algún versículo dentro de su sermón, ella estaba en primera fila para corregirlo EN VOZ ALTA. Si el comentaba una anécdota, ella lo interrumpía y terminaba de contarla. Hasta que un día literalmente se paró, le quitó el micrófono a su esposo y comenzó a predicar, ante el asombro de toda la congregación. La última vez que supe de ellos, habían salido voluntariamente de su denominación, ante la negativa de la mujer de someterse a su marido, ya que argumenta que "ella SI tiene llamado para pastorear" y fundaron una nueva iglesia donde ella es la pastora.


En la iglesia donde se congregan mis suegros se quedaron sin pastor, así que invitaron a tres pastores y sus familias a visitarlos, predicar y convivir con la congregación para decidirse por uno de ellos. En muchos sentidos esta es la iglesia que cualquier pastor soñaría: una congregación grande, firme, estable, un muy buen sueldo, casa pastoral amueblada con todos los servicios pagados por la congregación, vacaciones y aguinaldo. Cada pastor con su esposa estuvieron por una semana en la ciudad, predicando en varias ocasiones y conviviendo con los miembros de la iglesia. Antes de que se convocara a la votación formal para elegir al candidato que se quedaría con el puesto, uno de los pastores se retiro de manera voluntaria, ¿el motivo? su esposa tiene un muy buen empleo en la ciudad donde actualmente viven y no considera justo tener que dejar todo solo porque a el le ofrezcan un "trabajo" en otra ciudad.


Se de otra congregación donde la esposa del pastor se quejó de que no podía alcanzar su máximo potencial dentro del ministerio porque tenía que perder su tiempo miserablemente haciendo labores domésticas; a tanto llegó su molestia que convenció a su esposo de que ella no tenía porque rebajarse al papel de sirvienta cuando tenía un llamado tan claro al ministerio y de alguna forma logró que al siguiente domingo el regañara desde el púlpito a todas las mujeres de la iglesia por ser tan ingratas y malas hermanas con su esposa, porque si fueran buenas hermanas, le quitarían la carga tan grande que es atender y limpiar su casa. ¿El resultado? una fila de mujeres pasándo de una en una a pedirle perdón a la esposa del pastor por su falta de interés hacia sus necesidades y la elaboración de una lista donde se turnan cada día de la semana para ir a limpiar la casa pastoral, lavar la ropa y hacer de comer; de esta forma la esposa del pastor puede dedicarse a lo "verdaderamente importante".


Y así podría seguir y seguir contando experiencias que van desde lo trágico hasta lo decepcionante de mujeres que han destrozado el ministerio de sus esposos y pastores débiles que han preferido abandonar la tarea que Dios les encomendó antes que disgustar a su esposa.


Es cierto que en la Biblia no encontramos un apartado específico con instrucciones para la esposa del pastor. No es necesario, si tenemos en mente el propósito para el que fue creado la mujer en general: ser la ayuda idónea del varón (Génesis 2:8). ¿Cómo puede lograr esto una esposa de pastor? Creo que podemos identificar tres puntos básicos:


1) No tratar de usurpar el liderazgo espiritual de su esposo; la Biblia es muy clara respecto a las características de los líderes de la iglesia: deben ser varones.


"Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?); no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo." (1 Timoteo 3:2-7).


"El que fuere irreprensible, marido de una sola mujer, y tenga hijos creyentes que no estén acusados de disolución ni de rebeldía. Porque es necesario que el obispo sea irreprensible, como administrador de Dios; no soberbio, no iracundo, no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino hospedador, amante de lo bueno, sobrio, justo, santo, dueño de sí mismo, retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen." (Tito 1:6-9).


"Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio." (1 Timoteo 2 12).


La esposa del pastor es tan pastora de una iglesia como la esposa de un presidente es la presidenta del país. El liderazgo y la guía espiritual de la congregación es un trabajo que Dios le confirió a los varones, no a las mujeres. No se trata de un argumento "machista" ni va en contra de la equidad de género, simplemente es la forma en que Dios estableció que son las cosas. La esposa del pastor no es co-líder de la iglesia con su esposo ni debe asumir las responsabilidades de la iglesia cuando el pastor no está; para eso Dios ha llamado a ancianos y diáconos.


Así como el hecho de estar casada con el pastor no hace a su esposa "pastora", tampoco implica de manera automática que DEBA ser líder dentro de la iglesia; la única manera aceptable de ser líder en el ministerio es porque Dios ha llamado a la persona. Muchas veces se espera que la esposa del pastor se haga cargo del ministerio de niños o que asuma el liderazgo de las mujeres y hasta que se convierta en consejera junto con su esposo. Si la esposa del pastor no tiene llamado para tener un ministerio dentro de la iglesia; será de más ayuda y apoyo a su marido (y para la iglesia) sentada escuchándolo predicar y cumpliendo sus deberes como esposa en su casa que parada en el púlpito haciendo algo para lo que Dios no la llamó.


2) Sometimiento. No se trata solamente respetar el liderazgo del esposo (tanto en el hogar como en la iglesia), sino reconocer y aceptar que ese lugar le fue conferido por Dios, por lo tanto, no debe estar a discusión. El feminismo ha introducido la idea equivocada de que el hecho de que una mujer se someta a su marido y acepte su lugar como ayuda es un concepto degradante. Esto no podría estar más lejos de la realidad que Dios planeó. La palabra hebrea que se refiere a ayuda es eizer, que significa auxiliador. Es usada para describir a Dios en los siguientes pasajes: Éxodo 18:4; Deuteronomio 33:7, 26, 29; 1 Samuel 7:12, Salmos 20:2; 33:20; 46:1; 70:5; 115:9-11¸124:8 y 146:5. Si es usada para referirse a Dios, evidentemente no puede tener un significado negativo. Por otra parte, cuando en Génesis 2:8 se dice “ayuda ... para él”, se usa la palabra kenegdo. Se encuentra solamente aquí y en el versículo 20 y literalmente significa una ayuda como en frente de él. El significado básico incluye: una ayuda como él; una ayuda que se ajuste a él; una ayuda digna de él; una ayuda que le corresponda a él; una ayuda que asciende a su opuesto; una ayuda a su contraparte. Cualquier cosa que el hombre recibió al momento de su creación, la mujer lo recibiría también. Ella es la que lo completaría perfectamente a él, una que proveería aquello de lo que él carece, una que haría lo que el hombre no puede hacer solo. El hombre fue creado de tal manera que necesita la ayuda de una compañera, y ella le corresponde física, social y espiritualmente. Sabiendo esto, no hay lugar a pensar que el sometimiento y el apoyo de una mujer a su esposo la conviertan en un ser humano de segunda.


Asimismo, este concepto de sometimiento que se le pide a la mujer, es usado con el mismo significado para ilustrar la relación de la iglesia con Cristo, "Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo." (Efesios 5:24). ¿Cómo podría pasar esta palabra de ser algo positivo (refiriéndose a Cristo) a algo negativo (refiriéndose a la mujer) en el mismo versículo? Siguiendo el concepto feminista de que el sometimiento es algo degradante, sería tanto como decir que el hecho de que la iglesia (los creyentes) se someta a la autoridad de Cristo es injusto, inequitativo y abusivo. El concepto de sujeción de la mujer a su esposo es tan importante que es reiterado en tres ocasiones en la Escritura (Efesios 5:22; Colosenses 3:18; 1 Pedro 3:1) e incluso se indica que aplica aún cuando el marido NO SEA CRISTIANO. Si una mujer debe someterse a un marido inconverso, ¿cuánto deberá someterse una esposa de pastor a su esposo?


3) No blasfemar la Palabra de Dios. Este punto creo que es el más importante y desafortunadamente el menos considerado. La lista de requisitos que una esposa debe procurar cumplir la encontramos en Tito 2:4-5 “que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.”


El ser una buena esposa es un asunto muy serio para Dios; no se trata de “jugar a la casita” o de convertirse en el ama de casa perfecta, se trata de algo más importante y profundo: cuando una esposa cristiana no cumple con sus obligaciones, acarrea juicio y crítica hacia Dios y Su Palabra. ¿Por qué? ¡Porque el mundo nos observa constantemente! “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos…” (Hebreos 12:1a). Y este escrutinio es mucho más profundo cuando se trata de una esposa de pastor. Las familias de los pastores vivimos en una pecera, tanto la congregación como el mundo esperan que seamos el ejemplo a seguir, la meta a alcanzar, el modelo que imitar. Si nuestro comportamiento no es digno de esta admiración, la gente no dirá que somos malas esposas, dirán “fíjate, y eso que es cristiana ¡y hasta esposa de pastor! Y se porta peor que nosotros.” El descuidar nuestras responsabilidades como esposas dentro del hogar, con nuestros maridos y nuestros hijos, en pos de alcanzar un liderazgo espiritual que no nos corresponde no glorifica de ninguna manera a Dios o a Su Palabra, todo lo contrario.


La mejor manera de apoyar a nuestro esposo-pastor es cumpliendo lo que Dios dice en la Biblia para toda mujer; respetando su ministerio; creando un ambiente cómodo en casa donde el pueda relajarse y hasta desahogarse de los problemas de la iglesia, sin tener el temor de que la congregación se vaya a enterar de todo lo que dijo en la intimidad de su casa. No hay que olvidar que el pastor es el, al que Dios llamó a guiar a sus ovejas fue a él, no a su esposa. ¿Esto quiere decir que la esposa del pastor debe permanecer indiferente ante las necesidades de la iglesia? No, ser la ayuda idónea de su esposo-pastor implica auxiliarlo en lo que que se necesite, pero siempre teniendo en claro que mientras para el hombre el ministerio en la iglesia debe ser su prioridad número dos (la primera debe ser su familia 1 Corintios 7:32-35); para su esposa, el servicio en la iglesia debe ocupar el lugar número cuatro: matrimonio, hijos, hogar, iglesia. Cuando pasen los años y hallamos llegado al final del camino, es mil veces preferible escuchar que digan “la esposa de ese pastor fue una bendición a su vida” en lugar de “ese pastor hubiera sido bueno, si no fuera por la esposa que tiene”.

Alma Celina Tortajada